Es una recopilación de cuentos que Jorge Bucay ha realizado para reflexionar sobre las terapias emocionales y algunos de los problemas más importantes de las personas en este siglo XXI.
Si algún padre o madre está interesado puede solicitarlo, está en la biblioteca.
CANTARES Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.
Nunca perseguÍ la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción ; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse... Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas el camino y nada más ; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar donde hoy los bosques se visten de espinos se oyó la voz de un poeta gritar : ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar...!
golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar...!
golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar. ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar...!
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Cada vez les resultaba más difícil salir a la superficie y respirar. Una de ellas le dijo a la otra: "No puedo más. Es imposible salir de aquí. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No tiene sentido morir agotada en un esfuerzo inútil". Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez. La otra rana más persistente o más tozuda se dijo: "¡No hay manera! Nada se puede hacer por avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta el último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora". Siguió chapoteando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, logró llegar a casa croando alegremente.
Alan C. McLean nos lleva a su Escocia natal para contarnos una historia de aventuras y fantasmas. Este libro, que ha tenido un éxito increible (más de 200.000 ejemplares vendidos y 21 ediciones), está editado por Bruño. Me ha parecido un libro muy entretenido, además presenta una trama personal interesante.